Colgó finalmente, y se sentó en su cama. Se dejó caer, boca arriba, para luego entrelazar sus manos por detrás de su nuca. Miles de momentos, recuerdos, peleas, caricias, se cruzaban por su mente. Aún sentía latente la separación, ese “tiempo” como él prefirió llamarlo. Volvió a analizar cada palabra que había pronunciado su amiga, ciertas y acertadas palabras, las cuales la impulsaron, a ponerse de pie, y aceptar que ya nada es igual. Firme y sin más vueltas, quiso dejar por escrito sus sensaciones…
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