Observó sus ojos mojados, y su corazón expresó su dolor. Se puso de pie, y caminó hasta él lenta y pausadamente. Al tenerlo de frente, acarició su mejilla, cerró sus ojos, y suspiró compungida. –‘Cuando te miro te amo, cuando me miras, me amas. Pero tengo terror a cerrar los ojos, y no encontrarte cuando finalmente los abra’- Explicó, aún con la acción anterior, y él negó entristecido con su cabeza. –‘No sé de que forma hacerte sentir segura, de que entiendas que te hablo de corazón’- Retrocedió un paso, y con el alma rota, se retiró en silencio. Finalmente ella abrió sus ojos, y su premonición se presentó…
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